miércoles, 15 de junio de 2011

EL CERRO DEL VILLAR. (MALAGA). ASENTAMIENTO FENICIO.

El yacimiento del “Cerro del Villar” fue uno de los centros coloniales fenicios más importantes del litoral andaluz. Su fundación tuvo lugar a mediados del siglo VIII a. C., y debido a las inundaciones que sufría, fue abandonado hacia el año 570, trasladándose su población a la bahía de Málaga, donde fundaron “Malaka”, término del que deriva el actual “Málaga”.

Este yacimiento, que fue declarado Bien de Interés Cultural según decreto de la Junta de Andalucía de 1998, fue descubierto en 1965 por el arqueólogo malagueño Juan Manuel Muñoz Gambero, y es uno de los asentamientos más destacados de la cuenca mediterránea.

Este yacimiento es la primera ocupación de los fenicios en la costa occidental malagueña. Está situado muy cerca de la capital de Málaga, a unos 8 kms. aproximadamente, pudiendo considerarse el germen de la “Fundación de Malaka”.

Cronología
El pueblo fenicio se asentó en la desembocadura del Guadalhorce en el siglo VIII, durando su ocupación hasta comienzos del siglo VI a. C. Su abandono vino motivado por las devastadoras inundaciones derivadas tanto de su carácter insular y de una ubicación cercana a un cauce fluvial como de la progresiva colmatación aluvial del primitivo estuario, consecuencia de una explotación forestal, dirigida al abastecimiento de madera para la construcción naval y de su uso como material de combustión en los hornos alfareros.

Según indican los estudiosos, en el siglo V a.C. volverá a ser de nuevo ocupado para desarrollar actividades económicas, como la producción cerámica, pero no volverá a conocer un asentamiento estable de población.

Recursos económicos
El “Cerro del Villar” gozaba de unas condiciones estratégicas que lo convertían en un punto vital dentro de las rutas comerciales marítimas de la civilización fenicia. Además, este asentamiento se encontraba ubicado en la desembocadura del Guadalhorce, excepcional vía de comunicación terrestre con los poblados indígenas situados en el entorno cercano y con comunidades ubicadas en zonas más distantes, como pueden ser las comarcas de Ronda y Antequera o áreas del interior de Andalucía, como la vega granadina y el Valle del Guadalquivir.

La zona del curso bajo del Guadalhorce brindaba unas condiciones óptimas para la práctica de una agricultura intensiva de regadío, propiciada por la abundancia de agua y la fertilidad de los limos acumulados. Los principales cultivos eran los cereales, como la cebada y el trigo, la vid y el olivo.
Estas condiciones óptimas para la producción agrícola benefició el nacimiento de una producción excedentaria que se comercializaría.

Las posibilidades agrícolas de la zona se complementaban con la práctica de otras actividades como la pesca y el marisqueo, y la explotación ganadera.

Producción de cerámica
La producción cerámica en el “Cerro del Villar” ocupó un lugar prioritario como demuestra la existencia de un taller de alfarería de principios del siglo VI a. C.: un gran edificio rectangular de unos 13 metros de longitud, y con una división bipartita y uso de su zona exterior.
Esta actividad contaba además con una abundancia de materia prima para su elaboración: las arcillas terciarias del valle del Guadalhorce y riqueza de agua.

Las piezas cerámicas más producidas eran las ánforas y los pithoi, recipientes de gran tamaño que tenían función de almacenaje de distintos productos destinados al comercio marítimo, como los cereales, el vino y aceite. Este aspecto pone de manifiesto el peso que tuvo la actividad comercial en esta ciudad fenicia.

Urbanismo
Las campañas arqueológicas ejecutadas en el yacimiento del “Cerro del Villar” han puesto de manifiesto la existencia de distintas viviendas, entre las que sobresale la planta completa de una casa de grandes proporciones de perímetro rectangular de finales del siglo VII a. C.
Las viviendas se construyeron sobre bases de piedra y muros de adobe, y se dividían en habitaciones de base rectangular organizadas en torno a un patio central.

Otro elemento característico del urbanismo del asentamiento del “Cerro del Villar” es la existencia en su zona central de una vía de unos 5 metros de ancho que poseyó un carácter comercial, como apunta la aparición en sus laterales de habitáculos cubiertos y abiertos a dicha calle, que responden a establecimientos dedicados al intercambio de productos y mercancías.
También hay constancia de una necrópolis de incineración, conocida como Cortijo de Montañez, datada en el siglo VI a. C., que situaría en los terrenos donde actualmente se encuentra el Polígono Industrial Villarrosa.

Relación con la población indígena
La consolidación de un asentamiento fenicio tenía en unas relaciones cordiales y fluidas con la población autóctona un pilar de primer orden, principalmente con la clase dirigente, que permitía el aprovechamiento de los recursos económicos de la zona. Por tanto, la élite indígena conoció un afianzamiento dentro de la estructura social autóctona, siendo usuales los intercambios de regalos de lujo, como la orfebrería de oro.

Los intercambios comerciales fueron la base de las relaciones con los asentamientos indígenas, generando una reactivación de la economía de la zona colonizada, teniendo en los metales y los productos agrícolas los elementos más demandados. Por su parte, los fenicios nutrirían estos intercambios con vino, aceite, púrpura y productos de pesca, como la salsa garum.
Otros ámbitos que conocieron modificaciones fruto de la instalación del pueblo fenicio fue la producción cerámica, debido a la introducción del torno de alfarero, la adopción de nuevos elementos decorativos y aumentando además la variedad tipológica, y el trabajo metalúrgico con la adopción de nuevas técnicas, como el tratamiento del bronce en hueco.

Una de las principales aportaciones de la civilización fenicia fue su sistema de escritura, considerado el “padre” de los alfabetos. Era un sistema de escritura consonántico y estuvo en vigor desde el siglo XI a.C. al siglo III d.C., siendo el sentido de la escritura de derecha a izquierda.
Todo contacto entre pueblos genera un proceso de intercambio cultural mutuo. Está interacción se hace más sólida cuando el grado de consolidación de la población colonizadora se va afianzando, dando lugar a una simbiosis de elementos, como manifiesta, por ejemplo, que en piezas cerámicas se entremezclen motivos decorativos autóctonos y del Mediterráneo Oriental, punto del que procedía el pueblo fenicio.

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